El Solo de Orquesta.
Fue un momento,
un instante,
una nota caída
de aquella trompeta dormida....
Pero ese ruido,
llámalo sonido,
despertó al resto...
Y ahora desaparecieron,
los ronquidos de la flauta,
dando paso al bostezo del piano,
oboe, arpa, tambores, platillos, triangulo...
Se sacuden los sueños,
mientras sienten el roce de unas manos,
objetos,
llamados instrumentos,
la música se escapa de ellos.
Pero sin esas manos,
no serían más que decorado,
podrían ser de oro,
gravados, con rubis,
y no sonarían mejor.
Verdad es, que humanos lo crearon,
o en tiempos modernos,
fábricas los parieron...
Como objetos,
tienen su valor,
pero....
Sin tus manos,
si tu boca no hubiera soplado,
aquella trompeta seguirá durmiendo.
Ni de oro eres,
ni en tus bolsillos castañean monedas,
por tu corazón no corren megas,
rico no te catalogan,
pobre te piensan,
cuando te ven,
clavado en la esquina,
jugando tu melodía,
no hay orquesta que te acompañe,
se olvidaron cobrar entrada
a los oídos que roban tu alma.
Y aun así, no eres pobre,
rico, diría delicioso,
por jugar con las palabras,
el rico de la esquina,
que comparte su melodía,
con los pobres que corren,
por las calles de la vida.
No pide por favor,
no lloran sus bolsillos,
cantan sus manos,
y aun que los pasantes oyen
una trompeta....
Ya está sonando toda la orquesta.
Si algo no se entiende,
es por qué no tiene explicación,
o tal vez...
Simplemente,
en aquella esquina,
suena una trompeta,
si no pagaste entrada,
no esperes oír toda la orquesta.
Paula Carrión Martínez.
Vaya, este poema se me había pasado. Tiene algo muy especial: habla de la vida que late detrás de las cosas, de cómo algo aparentemente sencillo —una trompeta en una esquina— puede contener un universo entero.
ResponderEliminarHay una sensibilidad muy fina en la manera en que ves los instrumentos: no son solo objetos, sino cuerpos dormidos que despiertan cuando alguien les da alma. Y lo haces sin solemnidad, con una ternura que convierte la calle en un escenario y al músico en una especie de puente entre el ruido del día y la belleza que se escapa sin pedir permiso.
También hay en tus versos una humildad profunda: ese reconocimiento de que el valor no está en el oro ni en los adornos, sino en las manos, en la respiración, en el acto creador. Se nota que escribes desde el agradecimiento, desde la escucha.
Ese solo de orquesta que suena sin entradas ni aplausos es una metáfora maravillosa del arte auténtico: el que nace de dentro y se comparte sin medir su valor en monedas. Has conseguido darle voz a algo que casi nunca se dice, pero que todos sentimos cuando escuchamos una melodía que nos toca de verdad.
Gracias 🫂 me gustó escribirlo ( un momento de inspiración), me gusta tu interpretación, la verdad es que me inspiró un hombre que hace música en la calle, y en su absoluta concentración, con los ojos cerrados, dejando escapar la música de su ser, parece, que haya en su mente la sinfónica entera.. asi lo sentí yo.
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