Cuentos con raíces.2

 Cuentos con raíces.

 2. Flores de Cerezo


En un lugar al sur del mundo, donde el sol brilla en la arena, y en los ojos se reflejan las estrellas, hay un bosque, que surge de la puerta de una pequeña cabaña.


Cuentan por las dunas, historias de una bruja, de nombre muy nombrado, aun que casi siempre, mal pronunciado, Kersiebloeisels, o lo que es igual, Flores de cerezo.


Muchos son tentados con la idea de visitarla, pues les ofrece, una oportunidad de tener lo que mas desea..


-En mi mano izquierda veo lo que quieres, en la derecha lo que mereces.


Con sus manos hace un suave balanceo, como sintiendo cual pesa mas.


-Quieres, que mire?


Eso dice a los que se atreven a golpear su puerta, pocos son los inteligentes que salen corriendo, aun que su mirada les dice que no es un juego, muchos contestan:


-Pero tu concedes deseos?


-Si mi pelo florece, te daré lo que mi mano izquierda revele, si por el contrario se seca , mi mano derecha dará la sentencia...


- Y en que se basa su pelo ! Preguntan temblando, de miedo...


Pero ella nunca contesta, pierde la paciencia y reclama respuesta.


- Quiere que mire?


A los que no huyeron, la espera se les hizo eterna, con los ojos fijos en su enredada melena. 


Que poco a poco se marchita, y aun que intentan huir, rápidos como el viento...


A Kersiebloeisels no le hace falta correr, se arranca una ramas secas y las deja caer, la magia se hace, y aquel que huye, desesperado se convierte, en una semilla. 


Ella camina sin prisa, hace un pequeño agujero, posa la semilla, la riega con su cántaro, y un árbol crece mágicamente


Cuando alguien corre la suerte, de ver florecer su cabello, lagrimas de felicidad caen de los ojos del afortunado, ella entonces dice:


-Llora, en mi cántaro 


Se arranca una flor del cabello, y con una sonrisa dice:


-No la pierdas, ponla debajo de la cama y cuando te levantes en la mañana, mi deuda sera saldada, pero si pierdes la flor , nada puedo hacer yo.


Todos se quejan.


-Solo esto? Algunos se van refunfuñando entre dientes.


Pero ninguno pierde la flor.


Y a la mañana siguiente, después de dormir felizmente, por que pasara lo que pasara, no se convirtieron en árbol, como los ancianos contaban. Abren los ojos...


 La flor mágicamente, durante la noche, hecho raíces, se expandió por el suelo, le brotaron miles de flores, doradas. 


Ante tal maravilla, se preguntan si no es un sueno, y vuelven a mirar. Son tan doradas y mágicas que simplemente ríen, de alegría y emoción, pues ninguno sabia que esperar, de tan pequeña flor.


La historia, el viento transporto, en los oídos curiosos se poso, que ahora buscan entre las dunas, aquel bosque en el desierto, para llamar a la puerta, de aquella bruja, de nombre incierto. 


Y debajo, de algunas camas, un tesoro crece en la madrugada.



Paula Carrión Martínez.

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