Cuentos con encantamiento...

 1. Un vaquero con suerte.

Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo del antiguo oeste, un hombre vivía con su madre y su padre.

Lo único que era verdaderamente suyo, era una yegua color vainilla, llamada arena.

Los dos recorrían las llanuras, bajo la luna en busca de fortuna, no necesitaban galopar, disfrutaban de pasear y la brisa nocturna. En algún momento de la noche, el vaquero encendía un fuego y cenaba, bajo las estrellas.

Algunas noches, paraban viajeros, indios perdidos, por que las nubes tapaban las estrellas, que marcaban el camino a casa. Compartían historias y comida, y luego su camino seguían. Y el vaquero, miraba a lo lejos, la oscuridad del infinito, y se preguntaba cual seria su destino...

Ese día fue exactamente como todos, al caer el atardecer, nuestro vaquero ensillaba a su yegua Arena, y recorrían las llanuras.

Pero esa noche todo cambio, cuando Arena con una piedra tropezó, que al romperse bajo el reflejo de la luna, parecía que caminase sobre estrellas...

El hombre descendió de la yegua de un salto, y miro con atención, esos cachos de piedra brillante... Y cual fue su asombro no era piedra, si no diamante!

Cogió una pala, pequeñita que solía llevar, para tapar los restos de la hogueras, o por si encontraba alguna planta curiosa, y cavo.

Un diamante como una roca saco, y siguió cavando. Cuanto mas cavaba mas tesoros encontraba, cargo los serones todo lo que su yegua podía soportar. Dejo de cavar, pero seguía habiendo tesoros bajo la tierra, así que puso una gran roca dentro del agujero, para cuando se le acabara, poder encontrar el lugar de nuevo.

Esa noche, no hizo fuego para cenar bajo el firmamento, fue directo a su casa, con paso lento, para que no se fatigase Arena, y con la cabeza llena de incógnitas...

- Que hacia ahí aquel tesoro? y aun mas importante, Que iba hacer ahora?

Una vez en su casa, y tras pensar fugazmente miles de opciones, decidió que aquella fortuna era para viajar, conocer el mundo, solo escuchar historias de los que vienen y van, era bonito, aun así el quería tener sus propias historias.

Ensillo a su yegua, guardo unas pocas ropas, y viajo, viajo por todo el oeste, y luego siguió por el sur, cogió un barco, y viajo, por todos los continentes, que podáis nombrar, junto con Arena. Tardo muchos años, en tan siquiera pensar en volver..

Y cuando lo izo fue por que su fortuna se le estaba acabando, con las ultimas joyas, compro un billete de barco, para volver a casa.

Con el paso del tiempo parecía todo un poco menos salvaje, pero la misma música recorría las llanuras. El viento del oeste.

Fue a casa de sus padres, donde les contó todas las aventuras y desventuras que había vivido.

Y cuando el sol comenzó a ocultarse, ensillo a su yegua, y cabalgaron, en busca de los restos de aquel tesoro.

Habían creado un camino, para esos autos modernos, lo llamaban carretera.

Iba nuestro vaquero , sobre arena, al borde de aquella carretera, intentando recordar donde estaba la piedra. De repente se acabo la carretera, enfrente de un gran agujero, al lado un hombre, sentado en una silla dormía.

-Buenas noches, buen hombre!

Grito, mientras descendía de su yegua.

El hombre levanto la mirada y con un resoplido respondió.

-Buenas noches, tenga usted, aun que creo que llega tarde...

Llevo dos días esperando a que el ultimo salga, pero sospecho que a travesado el mundo...

-Como dice? Miro dentro del agujero y tiro una piedra.

-Cuénteme, que hace aquí este agujero?

-Hace unos años, empezaron la carretera que uniría el oeste y el este, hasta aquí llego.

Había una roca, que sobresalía, y cuando la sacaron, había debajo, oh señor, grandes tesoros, no lo puede imaginar, y cuanto mas sacaban, mas había, los obreros se llenaron las mochilas y no volvieron. Si vienen nuevos, cogen los tesoros que pueden y desaparecen... Pero creo que el tesoro ya llego a su fin, el hoyo parece infinito...

En ese momento se oyó el eco de la piedra que había tirado al agujero, nuestro vaquero.

Se despidió de aquel hombre, y volvió a su casa. Un poco desilusionado ante la situación.

Pero ahora sabia que el mundo era hermoso y grande , no podía quedarse ahí, solo por que no tenia tesoros, pensó mil opciones. -Que iba hacer ahora?

El día había pasado rápido, y otra vez se ocultaba el sol tras un horizonte ya conocido.

Ensillo a su yegua, y como había hecho tantas lunas, salio a buscar fortuna.

Recorrió varias millas, antes de darse cuenta que Arena estaba cansada, y se preparo para hacer un fuego. Cuando de la nada, salio un duende, un minúsculo hombrecillo, vestido de beis y con un gorro con pinchos, de un salto se subió a los hombros del vaquero, y por si acaso no lo había visto, grito con una voz brusca.

- Otra vez te vas?

El vaquero, entre asombrado y aturdido, le contesto.

- Esa era mi intención, pero Arena esta cansada.

- Muchos viajes para solo cuatro patas.(Contesto el duende)

El vaquero miro al duende , y con curiosidad le pregunto.

-Y tu quien eres? o que eres?

El duende salto,rebotando en un sitio y en otro.

-Soy un duende de la suerte, color tierra y con pinchos, para camuflarnos, de las serpientes...

El duende se le acerco mucho, y continuo hablando.

-Y aquel tesoro, que encontraste, era mio!! Lo había juntado por miles de años!

Y por esa piedra que pusiste, para volver a encontrarlo, se lo llevaron todo!!

El vaquero, se rasco la cabeza pensativo, y se disculpo.

- Lo siento, no pensé que fuera el tesoro de un duende...

El duende le miro con una sonrisa llena de picarda, y continuo hablando.

- Bueno, por suerte para ti, no soy rencoroso, y por suerte para mi, al acabarse todos los tesoros, se a roto el hechizo, que me tenia atado a este lugar. Por lo tanto, ahora que soy libre, me voy contigo.

El vaquero se rasco la cabeza, y dudando de lo que iba a responder, dijo.

-Pero si me ven hablando contiguo por la calle, dirán que estoy loco, o querrán atraparte, y tienes esos pinchos en el gorro...

-No se si es buena idea. Dijo finalmente

El duende no iba aceptar un no por respuesta e insistió.

- Tuviste mil aventuras, con mis tesoros, no piensas compensarme?

- Pero, es que no acabo de creer que esto sea real...

-Pues cuando encontraste un tesoro en mitad de la nada si te pareció real, fuiste el primero en encontrarlo, tienes que agradecérmelo.

El vaquero, acaricio a su yegua, y dijo.

-Arena, parece que en este viaje seremos tres.

El duende se puso a saltar de un sitio a otro y con una gran sonrisa dijo.

- No llevaras joyas, pero te aseguro suerte!!

El vaquero sonriendo añadió.

-Pero creo que el sombrero de pinchos, podrías dejarlo aquí, en mi bolsillo no hay serpientes.

Y así fue, aquel vaquero emprendió de nuevo el sendero de la aventura.

Esta vez viajaba ligero de peso, ni oro, ni joyas, pero desde uno de sus bolsillos, un pequeño duende repartía suerte.


Paula Carrión Martínez.

Comentarios

  1. En el fondo, el relato habla de que la mayor fortuna no está bajo tierra, sino en el camino que se recorre, en los compañeros que se encuentran y en la libertad de seguir buscando, con o sin riquezas. El vaquero, al final, no tiene diamantes, pero tiene a Arena, tiene historias que contar y ahora un duende en el bolsillo. ¿Qué más suerte puede necesitar?
    Me quedo con la imagen del vaquero cabalgando hacia el atardecer, con la suerte como único equipaje.

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    Respuestas
    1. Está historia, la disfrute mucho escribiéndola, el vaquero es un poco como el padre de mi primer hijo, en este personaje le veo a él, sin tesoros pero recorriendo el mundo con suerte en el bolsillo, al mismo tiempo el paisaje y escenario es un guiño al recuerdo de mi abuelo que compartió conmigo tantas películas del oeste.
      El duende es un reflejo de los sueños, la magia, una pizca de mi, es como mis hijos, la magia de esta historia, la magia de la vida.
      Encantada de ser leída. Eso me motiva a querer compartir el resto de mis historias que están guardadas... Gracias 🫂

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